Tras el descenso de Dios, el cielo abrió sus ojos prohibidos y el continente quedó reducido a ruinas. Allí donde su mirada cayó, la vida fue borrada. Los grandes cultivadores huyeron, abandonando a los débiles en un mundo gobernado por bestias mutadas, hambre y crueldad humana.
En ese infierno sobrevivió Xu Qing, creciendo en la frontera entre la vida y la muerte. Aprendió que la compasión es un lujo y que solo el poder concede el derecho a respirar. En un mundo donde el cielo y la tierra ya no protegen a nadie, Xu Qing eligió cultivar no por gloria ni salvación, sino para resistir al destino.
Si la cultivación no basta para enfrentar a Dios…
entonces él mismo se convertirá en Dios.

